Brotes de Olivo

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La historia, desde sus comienzos, ha sido del todo inconsciente, sin más planteamiento, – también inconsciente – que el de buscar el Espíritu de Dios en los distintos pasos que se fueron dando desde hace algo más de 40 años. Éstos siempre estuvieron motivados por lo que los demás pensaban o veían en nosotros. En ello fuimos entendiendo por donde debía ir nuestro camino hacia Dios.

Esta historia arranca de una pareja de jóvenes inquietos, Rosa Escala y Vicente Morales, a los que además les gusta la música, que deciden unirse y quieren que Dios sea el centro de sus vidas. Comenzaron a descubrir en lo cotidiano, una llamada de atención que les provocaba interiormente una pregunta , que luego en el tiempo ha resultado ser permanente: ¿qué quieres de nosotros, Señor?. …Y comenzaron a nacer hijos – hasta 13 – que desde muy pequeños se unían al grupo que, desde el año 1971, comenzó a conocerse por Brotes de Olivo.

La familia de la sangre y los escenarios fueron el primer soporte del Mensaje en esta historia.

Como un fruto de la siembra de canciones que Brotes de Olivo fue haciendo a través de más de 30 años, se fue creando una familia de Evangelio que nunca quiso oficializarse o reglamentarse internamente por estatutos, normas o requisitos de pertenencia o ingreso. Nunca nos sentimos llamados a fundar un movimiento o una parcela más en la Iglesia, sólo a ser desde la humildad y lo desapercibido Fermentos de Comunión.

Se entendió que debía ser un grupo en búsqueda constante del Espíritu de Dios, abierto siempre a la escucha de su voz y de su voluntad. Un grupo donde cada uno actúa desde su libertad («se compromete el que habla, no el que escucha») y desde el nivel de entendimiento al que haya llegado.

Esta historia se concreta hoy en una comunidad “Pueblo de Dios” que nace en 1980 como una consecuencia de la andadura de Brotes de Olivo, con el deseo de hacer realidad las intuiciones y sugerencias de todo lo ocurrido a lo largo de la década de los 70. Y nace teniendo en la mano el testigo de toda esa búsqueda con la intención de ponerle carne a lo descubierto y convertir conceptos y experiencias más o menos temporales o puntuales en una auténtica opción permanente de vida por el Evangelio y el Reino de Dios.

En el lugar físico de Pueblo de Dios, situado junto a Niebla, Huelva, el reto diario constante – perseguido y no conseguido como Dios lo quiere- es vivir el espíritu de los sumarios de los Hechos de los Apóstoles (Hech. 2, 41-47; 4, 32-37; 5, 12-16). El saber y experimentar que el matrimonio y el soltero, la religiosa y el agnóstico, el niño y el anciano, el saciado y el insatisfecho, el buscador de Dios y el insensible ante tanto sufrimiento, el necesitado …todos son patrimonio del Padre, miembros de una sola casa.

Y todos se sentirán hermanos si hay personas que, en Su Nombre, asumen a todos los hombres como su verdadera familia.

Esta utopía que supone una nueva forma de ser Iglesia y de hacer Iglesia ya tenía letra, música y título hacía tiempo: TODOS JUNTOS. Dos palabras que ya de por sí nombran casi todo el Proyecto y que sintetizan la intención y la interpretación constante de todo ese gran número de personas que se fueron acercando y que se marchaban dejando su huella desapercibida, su oración, su inquietud y su trabajo.

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